Reseña Sorgo Rojo, de Mo Yan

Hola, de nuevo. Sé que he abandonado el blog casi nada más nacer, (soy una mala madre) pero en mi defensa diré que tengo buenas excusas. Llevaba un buen ritmo de lecturas y proyectos de reseñas, cuando empezó la crisis del Covid y el confinamiento. Muchos pensaréis que el confinamiento era una etapa ideal para dedicarle más tiempo a cosas como la lectura o este blog, pero claro, los que pensáis eso, pensáis en un confinamiento adulto. Es que resulta que yo tengo un terremoto de dos años que, sin poder salir de casa, requería toda mi atención, sino 24 horas al día, 23 como mínimo. No me malinterpretéis, no culpo a mi niña de nada, pero espero que entendáis que, confinada con una niña de dos años, poco tiempo y energía me quedaba para leer o para publicar nada en el blog. Así que lo que iba a ser parte de mi #marzoasiático (si esto fuera un vídeo o un audio, aquí irían risas enlatadas), se convirtió en una lectura que terminé el 31 de mayo y porque me puse seria conmigo misma y me dije que no podía llegar yo a junio con esta obra, que no es otra que la que nos ocupa: Sorgo Rojo, de Mo Yan.
En primer lugar, quiero dejar bien claro que si me costó dos meses leerme este libro no ha sido porque no me haya gustado, sino por las circunstancias: encierro, poca concentración para leer, otras lecturas que se han ido colando, contenido demasiado duro para un momento demasiado sensible... Sin embargo, esta novela me ha encantado y enseguida os explico por qué.
Esta novela se publicó originariamente en cinco volúmenes, que fueron publicados en varias revistas, en el año 1986. Yo tengo la edición de El Aleph Editores, de 2002 y que consta de 622 páginas.
Sorgo Rojo nos cuenta la historia de Yu Zhan'ao, el abuelo del narrador, y su familia durante la invasión de Japón a China en el contexto de la 2.ª Guerra Mundial. Y, para mí, fundamentalmente es una novela de contrastes. Mo Yan es un autor que sabe hallar la belleza en el horror más absoluto, eso es lo que me cautivó de esta obra.
El tema fundamental de la novela es la guerra y todo lo que ello conlleva para el ser humano, a todos los niveles: físico, emocional, psicológico. El punto de vista desde el que se nos cuenta esta historia es un punto de vista externo, es decir, aunque el narrador habla en primera persona (porque el protagonista, Yu Zhan'ao, es su abuelo), es un narrador externo, porque no ha vivido de primera mano lo que narra. De hecho, narra a partir del relato de otras personas, recoge testimonios de sus antecesores e intenta entender, igual que nosotros, como se puede vivir con tanto horror alrededor. Hay un momento en el que el narrador se dirige directamente a su padre, Douguan, el hijo de Yu Zhan'ao, y le dice: "Mis fantasías iban tras ti cuando las tuyas iban tras el abuelo" (p. 293). Aquí vemos como padre e hijo se identifican como el niño que trata de entender el mundo adulto que lo rodea y que está lleno de atrocidades e interrogantes. Y así nos sentimos nosotros, los lectores, ante esta magnífica historia llena de crueldad y belleza.
Como decía, el tema fundamental es la guerra. Si hay algo capaz hacer primitivo al ser humano y de sacar lo peor de sí, eso es la guerra. De hecho, es interesante el proceso de animalización que se nos narra cuando Douguan y sus amigos se enfrentan a los perros, que se han organizado como si de un ejército se tratara. Los animales se comportan como los humanos porque son los humanos los que se han convertido en bestias por la guerra. Es decir, no es el animal el que se parece a la persona, sino al contrario: no hay una evolución de bestia a humano, sino una involución de humano a bestia.
Durante toda la novela, se van sucediendo atrocidades, a cual más deleznable y horrorosa. El contenido de este libro es violento y, en algunos casos, altamente desagradable, sobre todo si, como yo, sois bastante sensibles. Sin embargo, todo este caos horrendo es narrado con la belleza formal literaria más absoluta. El lirismo de la narración está presente desde el principio hasta el final a través de diferentes procedimientos expresivos. La antítesis, o unión de contrarios, por ejemplo cuando nos cuenta la muerte de uno de los personajes (no diré de cuál para no hacer spoiler), describiendo el paisaje, integrando a la persona dentro, como un elemento más, un elemento de la naturaleza que vuelve a la tierra y deja de tener entidad propia. Otra característica expresiva muy destacable es el juego sensorial de las descripciones. Constantemente, el autor alude a nuestros sentidos: la vista en la descripción vívida de los colores, el olfato en las constantes referencias al olor del sorgo y de la sangre, el oído en la musicalidad que nos ofrece en su "sinfonía discordante" de sonidos varios. Y, por último, la personificación del sorgo. Las constantes alusiones al sorgo llevan a Mo Yan a definirlo en un momento determinado "como los héroes caídos". El sorgo se personifica, se hermana con los hombres, que son la destrucción.
En definitiva, esta novela es un deleite literario. No es lo que nos cuenta, ni cómo nos lo cuenta, sino el contraste que existe entre el horror de lo que cuenta y la manera tan lírica en que lo hace. No es una novela que recomiende leer en situaciones de alta sensibilidad, hay que saber encontrar el momento porque se narran sucesos muy duros y hay que tener estómago para seguir leyendo. Pero a nivel literario, compensa muchísimo. Para mí, además, ha sido un acercamiento a la literatura asiática, como he dicho antes, se suponía que iba a ser parte de las lecturas que quería hacer para el #marzoasiático, que, por si alguien no lo sabe, es una iniciativa de la booktuber Magrat Ajostiernos, a la que también sigo y admiro mucho.
Lectura recomendable e inolvidable.
¡Hasta pronto!

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